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miércoles, 25 de marzo de 2015

Del docente: A usted padre de familia.


¿Están los buenos modales pasados de moda? 
¿Les damos la importancia que realmente tienen? 

Los niños aprenden la educación y la cortesía en casa principalmente así que somos los padres los principales responsables.
El civismo y la buena educación son valores principales para la convivencia. De forma cotidiana encontramos conflictos vecinales o entre compañeros de trabajo muchos de los cuales tienen que ver con la falta de educación y de respeto entre los individuos. La cortesía y los buenos modales en nuestra vida cotidiana nos permitirán educar a nuestros hijos en el respeto.

Si bien la buena educación debe trasmitirse en todo el entorno del niño, es en el núcleo familiar donde comienza y donde existe mayor capacidad de influencia, por lo que es responsabilidad de los padres trasmitírselo a sus hijos. Pero, ¿cómo podemos hacerlo sin perder la paciencia?

Para conseguirlo hay que basarse en cinco pilares básicos

1. Dar ejemplo: Si los niños ven cómo los miembros de su entorno se comportan educadamente, piden las cosas por favor y dan las gracias, ellos aprenderán por imitación. Así, no se trata sólo de comportarse de este modo con los adultos, sino también con nuestros hijos, aunque sean pequeños.

2. Enseñarles directamente:Tantas veces como los pequeños dicen palabras como ‘haigan’ o ‘escribido’ les corregimos, del mismo modo, tantas veces como llegamos a un lugar o salimos de él les podemos indicar que saluden o que den las gracias cuando reciben un regalo o un cumplido. De todos modos, hemos de tener en cuenta que en niños muy pequeños puede que la timidez les coarte por lo que no debemos obligarlos de forma coactiva, sino decírselo en cada ocasión posible para que lo aprendan. No dudes que con la edad se verán los resultados.

3. Refuerzo positivo:Cuando el niño ponga en práctica lo aprendido y se comporte educadamente debemos elogiarlo y reconocer el mérito. Esto le hará sentir bien y procurará repetir el comportamiento.

4. Corregir: Cuando el pequeño se olvide de dar las gracias o se niegue a saludar hay que corregir ese comportamiento, indicándole cuál es el correcto. Sin embargo, es necesario medir nuestras palabras para que el niño no se sienta avergonzado en público.

5. Constancia y cotidianidad:En cuestiones como pedir permiso o comportarse a la hora de comer, es fundamental que para el menor sea una actividad cotidiana. No podemos pretender que sea educado en un restaurante y coma con la boca cerrada si en casa le permitimos comer de cualquier modo.

Tomado del muro de José Asdrubal Acosta