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miércoles, 9 de septiembre de 2015

Llamando urgente a la empatia.

"Yo debo ser
Tu debes ser
Ustedes deben ser."


Cuando los docentes nos concentramos en el aspecto estricto del deber ser, ese axioma que nos planteó Kant, hace que sepamos de manera correcta y concreta que y cómo deben hacerse las cosas, pero nos aleja de la empatia; trabajando con personas, nos vemos "obligados" a ser empaticos en practicamente todo lo que hacemos.



La empatía  supone un conocimiento interno del otro a través de una implicación personal en sus sentimientos, pero guardando siempre las distancia, para no dejar de ser uno mismo y además respetar su autonomía personal.

Se habla de una entrada en el prójimo, para sentir como él, pero sin disolverse y confundirse. Para nosotros supone una acogida racional, afectiva y emocional. No se puede reducir al plano cognitivo, pues ya no llegaríamos a tener el conocimiento de sus vivencias.

En el desarrollo de los puntos que siguen, siempre nos estamos refiriendo al marco educativo de la familia o la escuela. La empatía facilita el encuentro interpersonal:

1° Se ponen de manifiesto las respectivas personalidades. Se parte siempre de la mutua diferenciación, que es posible a partir del conocimiento y aceptación personal. Requiere del padre, madre o educador un grado de madurez donde se haya logrado una identidad, que se reconozcan las limitaciones y cualidades personales, para que haya un equilibrio emocional. De esta forma se evitarán transferencias o proyecciones hacia el niño o el joven.

2° Supone confianza y comunicación profunda, para que se pueda dar el intercambio. Se tiene que crear el ámbito donde la persona tenga la posibilidad de expresarse, evitando la dispersión. El diálogo, supone crear un espacio donde se haga fácil entenderse, cuidando el tono de voz, el vocabulario, las facciones del rostro y la postura corporal. Todo nuestro ser se tiene que poner a disposición del que nos habla. Es necesario dejar de hacer otras cosas, que pasan a ser secundarias.

3° En educación es imprescindible que exista empatía, entre padres e hijos o alumnos y docentes. Sabiendo que la iniciativa debe partir del adulto. Para ello hay que predisponerse, descentrándose, saliendo del egoísmo personal. Se hace necesario olvidarse de uno mismo, para lograr ponerse en la perspectiva del otro. La empatía requiere implicación e interés; el educando tiene que percibir que le importamos y que para nosotros, en ese momento, es lo más trascendente.