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sábado, 23 de julio de 2016

Enseñemos para la vida sin salir del programa.


Muchos son los estudiantes que se quejan de la escuela y sus enseñanzas, que los contenidos no sirven para la vida real, que se aprenden "tonterías" que no son útiles; mucho hay para hablar del tema, entrar en debates y demás, pero debemos recordar que el estilo con el que enseñamos un contenido es nuestro en el aula. 
Veamos como se puede enseñar para la vida sin salirnos del programa oficial. 

Uno de mis pedagogos favoritos es John Dewey, él aseguraba que "El currículo y la enseñanza, deben centrarse en las necesidades, intereses, y experiencias de los estudiantes", la teoría es propia de la escuela, lo que nos ha ganado la fama de aburridos, si seguimos con atención el consejo de Dewey, debemos enseñar no a partir del enciclopedismo si no del interés natural del estudiante: La curiosidad por aprender a HACER algo nuevo. 

Para enseñar para la vida, sin caer en la enseñanza de contenidos que aparentemente no son útiles, debemos comprender como profesionales de la enseñanza que los seres humanos todos, aprendemos mediante la actividad, simulándola y participando de ella, las demostraciones, el contacto con lo que se enseña nos ayuda a fijar conocimiento y desarrollar habilidad meta cognitivas. 

Es muy sencillo hablar, leer y escuchar sobre las elecciones presidenciales o legislativas, pero no ocurre lo mismo cuando hacemos las elecciones en el aula, un candidato, votantes, votos, contabilizarlos, cuestionar promesas de campaña, etc. es un giro enorme en el aprendizaje cuando llevo la realidad al aula, porque se acaba el aburrimiento. 
Una clase sobre economía es muy amena, si hablamos de la bolsa de valores, y como se puede volver inmensamente rico en un minuto o ser muy pobre en el mismo minuto jugando a la bolsa; hacerles participe del funcionamiento, llevar periódicos, comparar ganancias y productos es una forma distinta de enseñar algo que dictando conceptos mataríamos de sueño a todos los estudiantes. 
Una maestra de ciencias que en lugar de hablarnos de elementos de la tabla periódica, nos presenta el mercurio en vivo o nos hace tinturar con lugol ( Este producto se emplea frecuentemente como desinfectante y antiséptico, para la desinfección de agua en emergencias y como un reactivo para la prueba del yodo en análisis médicos y de laboratorio.) alguna materia nos enloquece de curiosidad y vuele la clase estupenda. 
No es lo mismo hablar de polos y electricidad, que trabajar con ella;  el teatro sus partes y como funciona es aburrido, no es igual si somos parte de una obra y conocemos todo lo que implica, hacemos una obra aprendemos haciendo; la psicología es aburrida salvo que el profesor nos diga cómo identificar psicopatías, fobias y otras alteraciones de la psiquis; enseñar las leyes es sumamente entretenido cuando se les muestra un hecho concreto donde sus derechos son violentados, consumidores, reclamos, denuncias;  todo en enseñanza puede ser mas entretenido si los docentes le damos vida.
Obviamente las criticas a este planteamiento son, no tenemos tiempo, hay mucho papeleo, me pagan poco y hago tanto,etc. 
La docencia más que una profesión (y aunque suena trillado o cliché) es una vocación, muchos nos desvelamos horas de nuestro sueño para hacer que los estudiantes amen la clase que impartimos, que aprendan con una sonrisa y sobre todo que sientan que eso que les enseñamos les será útil, que no es perdida de tiempo estar en el aula, que nosotros en la escuela enseñamos para la vida. 


Alba Jiménez
Coaching y consultora educativa